Encarna se presentó a un proceso de selección para una estupenda empresa, algo parecido a un call center, con mucho prestigio y clientes tan importantes como bancos, cajas de ahorro y cosas así.
En estos tiempos siempre que vamos a un proceso de selección nos encontramos con decenas de candidatos para ocupar un número muy pequeño de puestos. El caso de Encarna no fue distinto. Entró en el despacho donde le hacían la entrevista y comenzó el proceso.
En las sesiones de orientación profesional que le impartí, antes de la entrevista , le sugerí lo siguiente: nunca salgas de una entrevista de trabajo sin preguntarle a la empresa si te adaptas al perfil que están buscando. Pregúntalo como quieras, pero tienes que conseguir poder valorar si tienes o no posibilidades en la selección.
Mi idea es que el proceso de entrevista personal es como una venta y no entiendo una venta en la que no terminemos preguntándole a la otra parte si va a comprar o no.
Muy poco tiempo después entró a trabajar en horario de tarde en la empresa seleccionadora.
Estoy seguro que además de por sus capacidades el seleccionador valoró que era una persona que sabía lo que quería. Encarna, con una sola pregunta, había encontrado el compromiso personal del seleccionador, él ya no podía pensar en el puesto sin quitarse a Encarna de la cabeza.
Piensa que cuando vas a una entrevista entras en un proceso de venta personal y la venta no termina hasta que el comprador FIRMA EN LA LÍNEA DE PUNTOS.
Siempre hay una venta, o le vendes que tú eres el candidatos/a mejor o él te ha vendido que no vales para ese puesto.
Pilar Martínez Artero. Psicóloga.
Juan Andrés Cerezo. Psicólogo.
Javier López. Economista.


No hay comentarios:
Publicar un comentario